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Cada pedagogo alguna vez ha escuchado decir que la educación en esencia es relación, más exactamente: el niño −como ser que piensa, siente y quiere− está entrelazado en un complejo entramado relacional. El niño participa en todos los niveles –pensar, sentir, querer− de todo lo que sucede en su entorno cercano y en el entorno más amplio. No digo que esté indefenso y expuesto (ese es un cuento piadoso), sino que ¡participa! Esto es lo que debe ser tomado con suficiente seriedad. Uno tendría que quitarse la costumbre de estar mirando todo el tiempo al niño difícil, con la intención de encontrar una causa −vivencias traumáticas, disfunciones varias, disfunciones cerebrales, otras disfunciones y demás− que explique su quiebre, inquietud, miedo o tristeza.

No Existen niños difíciles - Henning Köhler

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